El Necronomicón | I140926
Lovecraft armó el Necronomicón como lomo de sus relatos, le escribió una ficha en 1927 y en 1936 dijo que era imaginario. En 1977 Avon imprimió un volumen con ese título.
Lovecraft armó el Necronomicón como lomo de sus relatos, le escribió una ficha en 1927 y en 1936 dijo que era imaginario. En 1977 Avon imprimió un volumen con ese título.
Primero de noviembre, altiplano mexicano: la mesa con agua, pan y cempasúchil ya estaba puesta. Nadie vio cruzar el umbral; todos sabían para quién era.
En Fear Street el perro se negó a cruzar un jardín vacío. Una ventana se encendió sola en una casa que ardió el otoño pasado.
En el departamento sin letrero, el sanador subió el precio con cada duda. No hubo bruja: hubo estafa con disfraz esotérico.
A medianoche sintió peso en la cama y aliento en la nuca. No vio rostro. En la tradición, era la subida del muerto.
Josué Velázquez llamó en vivo a la radio: criatura en el bosque, mordida, brazalete imposible. La Mano Peluda no soltó del todo.
El joven firmó el contrato riendo. La pluma humeó. Ganó lo que pidió. El pacto satánico cobró después en otra moneda.
El pueblo desenterró al muerto acusado de morder ganado. El cuerpo parecía demasiado fresco. Así se explicaba el vampirismo.
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